“El camino para llegar a mi diagnóstico fue largo. Empecé en diciembre de 2012 con mucho dolor de garganta que no cesaba. Hice consultas en guardia y me mandaron a otorrinolaringología, donde consideraron que mi problema se debía al reflujo y me pidieron una interconsulta con una gastroenteróloga.

 

Tras realizarme una endoscopía y una colonoscopía, la médica concluyó que mi tos no tenía que ver con cuestiones digestivas. En paralelo, mis uñas se debilitaban y sufría un estado depresivo que a mí me llamaba la atención. Yo había quedado viuda dos años antes, y si bien estaba triste, siempre fui de tirar para adelante, no de quedarme en la cama. Para 2013 aparecieron unos muy fuertes dolores de espalda, que pensé que eran musculares y me derivaron a un traumatólogo. En paralelo consulté a un psiquiatra que era amigo de mi marido y si bien él insistía en que debía medicarme yo le pedí que por favor me recomendara un buen médico clínico, porque ya había pasado por dos anteriores que me atendieron por guardia y no había habido ninguna mejora. Por más que hubiese visitado a distintos especialistas, recién esa médica fue la primera en pedirme una placa de tórax, luego de detectar una tos con silbido”.  

Esta es la historia de una paciente de 51 años, quien compartió su historia con DocSalud.com. Aunque prefirió no dar su nombre, relató que es madre, juega al tenis y tiene un trabajo de gran responsabilidad. Sus síntomas comenzaron a los 48 años y recién tuvo una respuesta un año después, cuando tras una mancha sospechosa en la placa le realizaron una tomografía y una resonancia: cáncer de pulmón con metástasis en las vértebras dorsal, la cuarta lumbar y la cresta ilíaca. Cuando recibió los resultados, su reacción fue de desesperación pero también de sorpresa. Además, ella es parte del 15% de las personas que contraen la enfermedad aunque no fumen ni aspiren humo de segunda mano en sus casas. Hoy, tras dar con un tratamiento oral específico,  volvió a llevar una vida normal e incluso sus tumores ya no aparecen en las imágenes. “Mi oncólogo me aclaró que no puedo hablar de cura, pero sí de que la enfermedad está cronificada.  Yo me siento muy bien, volví a jugar al tenis, trabajo, llevo una vida activa. Ninguno de mis allegados puede creer que yo viva así con la enfermedad. Ni yo tampoco”.

Este ejemplo no pertenece al 85% de los casos de esta enfermedad asociados al tabaquismo y se dan tanto en fumadores como en exfumadores. Pero sí está dentro del 70% de los pacientes que son diagnosticados en estadios no operables, es decir, cuando la enfermedad está avanzada.

Es uno de los cánceres más frecuentes a nivel mundial, y es también el que más mortalidad genera.  Más allá de la tardanza en la detección que puede llevar a cuadros más complejos, los especialistas enfatizan en que es una enfermedad que puede prevenirse con dejar el cigarrillo y que en la actualidad no es mortal en el corto plazo, que puede curarse, y que incluso para los casos más complicados, existen opciones terapéuticas que prolongan la vida y mejoran su calidad durante años.

“Que se tarde en diagnosticar el cáncer de pulmón se debe a dos motivos. Uno de ellos es porque los síntomas aparecen cuando la enfermedad está avanzada y no localizada o bien porque los fumadores o exfumadores que sufren bronquitis crónica tardan en percibir que sus manifestaciones empeoran y consultan recién cuando se sienten muy cansados o tosen con sangre”, indicó el doctor Claudio Martín, médico a cargo del área de Oncología del Hospital de Rehabiltación Respiratoria María Ferrer de la ciudad de Buenos Aires. Y agregó que la otra de las causas del retraso es que en ningún país se instituyeron estrategias de detección precoz a modo de políticas sanitarias que incluyan la realización de ciertos exámenes, como la tomografía computalizada helicoidal (TAC).  

Por su parte, la doctora Claudia Bagnes, jefa del Servicio de Oncología del Hospital Tornú, indicó que está demostrado que “la placa de tórax, como método de screening nunca dio resultado porque el realizarla no mejoraba la sobrevida de los pacientes” y que cuando se visualiza en este examen la enfermedad “suele estar en atapas avanzadas”. La profesional citó una publicación de 2011 en The New England Journal of Medicine, que difundía los resultados del National Lung Screen Trial (NSLT) -en castellano Ensayo Nacional de Cribado de Pulmón- que demostraba que “tras la realización periódica de otra prueba a fumadores, llamada tomografía computalizada helicoidal, se produjo una disminución de las muertes por cáncer de pulmón en un 20% y de los decesos por cualquier otra causa en un 7%” .

“El problema muchas veces radica en que hay que saber a qué paciente pedirle una TAC de control, aunque según el estudio, se justificaría en personas fumadoras de entre 55 y 74 años. Por otra parte a aquellos que presenten un cuadro infeccioso respiratorio, con radiografía de tórax anormal, se le debe indicar una TAC de tórax durante la infección, pero luego de mejorado el cuadro hay que insistirle al paciente que realice otra TAC de control a un tiempo prudencial de por lo menos un mes, para ver si no se encuentra un tumor debajo de la imagen que parecía solo algo infeccioso”, agregó la médica oncóloga.

Al ser consultada sobre si los pacientes suelen solicitar estudios extras además de la placa, Bagnes indicó que algunos, en especial los fumadores, piden control con imágenes a sus médicos, pero no la población general que concurre a hacerse a hacerse un chequeo, quienes no buscan pruebas exhaustivas. Por su parte, Martín explicó que algunos consultantes fumadores los solicitan, aunque el médico debe aclarar que por ejemplo, una tomografía, puede detectar imágenes que tal vez sean benignas y que en ese caso, debe estar dispuestos a otros estudios más invasivos, como una biopsia.

Según el Instituto Nacional del Cáncer (INC), la incidencia de cáncer de pulmón en el país es del 9,8%, es decir,  con cerca de 11 mil nuevos casos cada año y es el cuarto más frecuente en ambos sexos. En cuanto al género es el que más mata a los varones y el tercer causante de decesos en mujeres, después del cáncer de mama y colorrectal.

Hacia una detección temprana

Martín, quien es también miembro de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, indicó que “un paciente típico con un diagnóstico temprano es aquel que al que por un síntoma, como expectoración con sangre, le indicaron una tomografía que detecta el nódulo, se lo opera, se le realiza quimioterapia por un tiempo corto que suele ser de 12 meses y después se le solicitan controles por cinco a diez años”. Sin embargo, estos casos son los menos frecuentes.

Para concientizar sobre un diagnóstico temprano y sobre cuándo un individuo debe realizar una consulta, Bagnes recordó  los síntomas de la enfermedad,  y  aclaró que “si bien presentarlos no significa que el paciente sufra cáncer de pulmón, se recomiendan realizar consultas y solicitar un análisis más exhaustivo”. Estas manifestaciones abarcan resfrío que no desaparece en tres semanas o que empeora con el tiempo, dolor torácico, expulsar abundante esputo o flema, en especial si contiene sangre; dificultad para respirar (disnea); sibilancias o ronquera; infecciones de pecho repetidas que no responden a antibióticos, precisamente neumonía o bronquitis; tumefacción de cara o cuello; disminución de peso sin razón aparente o de apetito; pérdida de la voz sin anginas; mayor cansancio que el habitual y por último cambios en los dedos y/o uñas (dedos en palillo de tambor).

Ser fumador o haber fumado es el principal factor de riesgo, pero la oncóloga indicó, también “es muy importante la presencia de la enfermedad en aquellas personas conocidas como fumadoras pasivas, ya que aspirar humo de segunda mano por convivir o trabajar con fumadores puede aumentar las chances de sufrirla en un 30%”. Otro factor que puede influir para incrementar el peligro de desarrollar cáncer pulmonar es la contaminación en las grandes ciudades, aunque este factor es menor al contacto con los tóxicos del cigarrillo.

Con relación al tabaquismo, existen mitos alrededor de la enfermedad y hasta estigmatización sobre los pacientes que la sufren. Así lo había demostrado una encuesta privada realizada en 2014 que recolectó testimonios de 10 mil personas en 10 países de Latinoamérica, entre los que se incluían mil entrevistas locales. El sondeo de opinión reveló que  “cerca del 70% de los entrevistados en Argentina, Colombia y México considera que las personas con cáncer de pulmón son o bien ´en su mayor parte´ o ´completamente responsables de padecerlo y entre la mitad y dos tercios de los adultos en estos países creen que todavía hay poco apoyo o compasión hacia las personas con este padecimiento”, compartió Bagnes.

Alterativas terapéuticas, una esperanza  

El cáncer de pulmón suele originarse a partir de células epiteliales y puede derivar en metástasis e infiltración a otros sitios del cuerpo. Según detalla el INC, se clasifica en dos tipos principales en función del tamaño y apariencia de la células malignas: el de células pequeñas (microcítico) y el de células no pequeñas (no microcítico). Esta distinción condiciona el tratamiento y así, mientras el primero por lo general es tratado con quimioterapia y radiación, el segundo tiende a serlo además mediante cirugía.

Según explicó Bagnes, en estadios tempranos, el abordaje del cáncer de pulmón de células no pequeñas es la cirugía y en algunos casos debe realizarse un tratamiento de quimioterapia  y/o radioterapia, que se conoce como adyuvante, para prevenir que el tumor vuelva, o retrasar su aparición.

Cuando el tumor se encuentra localmente avanzado, puede realizarse un tratamiento llamado neoadyuvante, es decir, tratar de llevar ese tumor a la cirugía o bien se sigue un tratamiento combinado de quimioterapia con radioterapia definitiva.

En aquellos pacientes que debutan con enfermedad avanzada, inoperable y metastásica, debe realizarse un tratamiento sistémico con quimioterapia o bien las llamadas terapias dirigidas o target.

Con el abanico de posibilidades terapéuticas, Bagnes destacó que actualmente el haber sido diagnosticado de cáncer de pulmón “no es sinónimo de muerte a corto plazo y una vez determinado que tipo de específico presenta el paciente, se puede indicar la droga que va a atacar una alteración específica, que puede estar ocasionado por mutaciones y llevar un tratamiento más personalizado y no disparado a ciegas”.

En síntesis, al paciente que se le detecta la enfermedad en estadio quirúrgico, puede llevar una vida normal tras la cirugía, una quimioterapia corta y la realización de controles por algunos años.  Pero para los cuadros más comprometidos también existen alternativas y constantemente hay nuevas drogas en investigación.  

La paciente entrevistada indicó que gracias a un tratamiento, su patología no es el centro de su vida, sino que lo es la vida misma. “Hoy a nivel físico me siento igual, pero a nivel espiritual estoy mucho más enriquecida, ya que hice un gran trabajo interior cuando no podía moverme. Por eso quiero comunicar que el cáncer no debe ser considerado como una mala palabra. Hay que confiar en la medicina y no hay que bajar la guardia, porque se puede vivir igual”, concluyó.

 

Doc Salud.-